Enseñar es aprender dos veces

Antes, cuando era chico….hace mucho rato parece, el día del profesor era sinónimo de capear clases, jornadas más cortas y en general una semana más “liviana” en términos de actividades, materias, etc.
En la básica, recuerdo que habían competencias de baby fútbol, de bailes, jornadas de cine, salidas al museo y esas cosas. Era entretenido.

En la media, teníamos competencias, capeo de clases y jornadas más cortas. Salíamos antes de clases. Yo no sé si me gustaba eso, porque siendo sincero, me gustaba ir al colegio. Bueno, en esa época yo disfrutaba mucho la compañía de mis amigos de liceo y siendo más sincero aún, en esa época también disfrutaba de la compañía de la que ahora es una gran amiga, Bárbara.
De esas épocas tengo muy buenos recuerdos. Y como todo en la vida, recuerdos buenos y malos de mis profesores de antaño.

Eventualmente, la figura paterna en mi vida, nunca existió. Me da nada decirlo. Por lo que mucho de lo que aprendí y soy se lo debo a mi madre , pero también en gran medida a mis profesores. Tuve buenos y malos, algunos jugados y apasionados por su labor…pero otros bien discretos y abúlicos. De todos ellos aprendí un poco. Tomé lo mejor y lo que no fué tanto. Las cosas buenas, me ayudaron a rectificar o consolidar mi personalidad….las malas, definitivamente para formar carácter y definir lo que nunca querría ser o hacer.

Cuando estaba en el liceo, quería ser profesor. Profesor de Historia. Y por qué? Pues porque siempre me ha gustado la historia y la docencia, porque tengo un enorme respeto por  los profesores. No aquellos con el título de profesor…sino quienes son de alma. Aquellos que son capaces de transmitir pasión, valores y conocimiento sólo con su amor a la docencia. Me hubiera gustado muchísimo ser profesor de historia…de un colegio ó liceo. No lo fuí.
Y a pesar de que me gusta mucho lo que hago hoy, tengo ese lado incompleto de mi vida. Imagino que siempre habrá algo pendiente. Yo me estoy quedando con varios…en fin.

La cosa es que hoy por hoy, con esas vueltas del destino, me ha tocado ejercer de “profesor” en clases de pos grado. Aunque no es lo mismo, ni creo que tenga el mismo valor que un profesor de verdad, lo interesante es compartir ideas, experiencias y conocer gente. Creo que es genial poder aprender de otras personas y entregar puntos de vista.

Más allá de esto, hoy que es el día del profesor, quisiera saludar a todos quienes fueron más que profesores para mi, mis maestros y por cierto saludar a mis amigos y amigas que emprenden ese hermoso camino de la enseñanza. También saludarte a ti, querida Bárbara, que aunque digas que no, ya eras profesora desde que tuviste uso de razón.  Que sea un gran camino por recorrer.  Y ya sabes lo que alguien dijo por ahí: ” Los mejores profesores son aquellos que saben transformarse en puentes, y que invitan a sus discípulos a franquearlos”. (Nikos Kazantzakis)

Feliz día, a los maestros del mundo.

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. barq dice:

    Queridísimo Andrés,
    Muy feliz día para ti también.

    Aunque no tengas el título de profesor, lo eres. Hacer clases en la universidad es tan válido como en la escuela. No me cabe la menor duda de que tú enseñas, motivas, iluminas y transmites pación a tus alumnos, compañeros, amigos y familia. Eres un emprendedor e inspiración de muchos.
    A mí me inspiras. Desde que te conocí vi la estrella que ilumina tu vida, te anima y te da fuerza. Y lo mejor de todo es que no la guardas para ti, compartes su brillo con todos, a veces basta solo mirar tus ojos para verlo.

    (Lo bueno de las salidas temprano del liceo era que podríamos salir a caminar por República, Alameda, Nataniel o Parque O’Higgins tomados de la mano, sin importar tiempo o espacio.)

    Gracias por tu saludo, pero guárdalo para el próximo año, cuando mi sueño de verdad se cumpla, cuando por fin cambie mi cómodo puesto de Ingeniero en oficina por el desafío de una escuela.

  2. ravenclaw dice:

    Gracias por tus palabras, mi querida Bárbara 🙂
    La verdad que tengo los mejores recuerdos de esa época, con el pan con matenquilla que se derretía mientras conversábamos del futuro en la terraza de República.
    Creo que tienes la hermosa oportunidad de ser esa luz y guía, e insisto que ya, con tus ganas y vocación eres merecedora del saludo.

    No se diga más, feliz día 🙂

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